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El gobierno de Milei destaca la desaceleración de la inflación y el superávit fiscal, pero el endeudamiento familiar crece ante el deterioro salarial y la
El gobierno de Javier Milei en Argentina presenta la desaceleración de la inflación y el superávit fiscal como indicadores clave de su gestión económica. Sin embargo, el panorama se complejiza al analizar el endeudamiento familiar, que ha aumentado significativamente en un contexto de deterioro salarial, pérdida de empleo registrado y reducción de políticas públicas. Mientras el discurso oficial resalta la estabilización de algunas variables macroeconómicas, los hogares recurren cada vez más al crédito para cubrir gastos básicos como alimentos, medicamentos y servicios. Este fenómeno se convierte en un mecanismo clave para administrar socialmente el ajuste económico.
La recaudación tributaria nacional registró una caída del 7,4% interanual en junio, acumulando una baja del 5,3% en el primer semestre de 2024. Impuestos clave como el IVA y los Derechos de Exportación retrocedieron un 7,7% y 40%, respectivamente, mientras que los recursos de la seguridad social disminuyeron un 4%. Esta contracción refleja el debilitamiento del mercado interno, el empleo formal y la actividad económica. Además, reduce los recursos disponibles para sostener políticas públicas, obligando a profundizar el ajuste del gasto para mantener el superávit fiscal. Desde diciembre de 2023, se han perdido más de 300.000 puestos de trabajo registrados, mientras que el empleo informal y el trabajo por cuenta propia han crecido, evidenciando una precarización laboral.
En este escenario, el crédito familiar se ha expandido de manera significativa. Seis de cada diez familias mantienen deudas no bancarias, y el endeudamiento total supera los 39 billones de pesos. Entre enero de 2025 y enero de 2026, el índice de irregularidad en los pagos pasó del 2,7% al 10,6%. En el mismo período, la cantidad de deudores en el universo de Proveedores No Financieros de Crédito aumentó de 9,5 millones a 11,3 millones, y el volumen financiado creció de 3,2 billones a 11,8 billones de pesos. La deuda promedio por usuario se duplicó, pasando de 337.000 a 1,044 millones de pesos. Este crecimiento se concentra en billeteras virtuales, fintech y tarjetas no bancarias, que integran pagos, datos y crédito inmediato en un mismo circuito.
Las tarjetas de crédito, tanto bancarias como no bancarias, han experimentado un aumento significativo. Las emitidas por entidades financieras crecieron un 44,7% interanual a fines de 2025, mientras que las no bancarias alcanzaron un stock estimado de 5,7 billones de pesos. Sin embargo, la mora en este segmento aumentó del 11% al 14,5%, reflejando la dificultad de las familias para hacer frente a sus obligaciones. El crédito no está asociado a una mejora del consumo, sino a la necesidad de sostenerlo en un contexto de ingresos insuficientes. Desde diciembre de 2023, los servicios aumentaron un 362%, frente al 170% de los bienes, lo que ha elevado su peso en el ingreso de los asalariados del 38% al 42%.
El endeudamiento se ha convertido en una herramienta para cubrir necesidades básicas. Seis de cada diez argentinos reconocieron haberse endeudado para afrontar gastos en alimentos, medicamentos y servicios. Este fenómeno se inscribe en una nueva arquitectura financiera donde la financiarización se extiende más allá del sistema bancario, con plataformas privadas que administran una parte creciente de la circulación del dinero. Los indicadores de mora revelan la tensión de este esquema: la irregularidad en préstamos familiares alcanzó el 12,7% en mayo de 2026, el nivel más alto en dos décadas. Más de 5,3 millones de personas acumulan deudas con más de 90 días de atraso, y cerca de 7 millones quedaron excluidas del mercado formal de crédito.
La distribución del endeudamiento refleja desigualdades internas en la clase trabajadora. El 40% de los menores de 35 años con créditos activos registra al menos una obligación en mora, y entre los jóvenes de 18 a 29 años, la mora consolidada alcanza el 27,8%. Las mujeres, que representan el 64,2% de la población de menores ingresos, perciben entre un 27,3% y 29% menos que los hombres y dedican, en promedio, tres horas más diarias al trabajo doméstico no remunerado. Además, seis de cada diez hogares han tenido que reemplazar servicios de cuidado mediante endeudamiento, ahorros o mayor carga laboral.
Fuente: cubadebate.cu
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Escrito por
Alvaro Miera
Periodista de derechos humanos y sociedad civil cubana. Redacta con Command AI de Cohere.
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