Cuba descentraliza aprobación de mipymes en Pinar del Río
El gobierno de Pinar del Río delega la aprobación de pequeñas y medianas empresas a la mayoría de sus municipios.
A pesar del avance en pagos digitales en Cuba, muchos negocios privados se resisten a aceptarlos o cobran comisiones adicionales.
En Cuba, la creciente adopción de pagos digitales contrasta con la resistencia de algunos actores económicos privados, quienes se niegan a aceptar transferencias o aplican un recargo del 10% sobre estas transacciones. Esta situación genera incomodidad entre los consumidores y plantea desafíos para la política estatal de fomentar la digitalización financiera.
El gobierno cubano ha implementado en los últimos años diversas medidas para promover los pagos electrónicos como parte de su estrategia de modernización económica. La expansión de servicios como EnZona y la integración de plataformas digitales en entidades bancarias y comerciales buscan reducir el uso de efectivo y aumentar la eficiencia en las transacciones. Sin embargo, esta transición enfrenta resistencia en el sector privado, donde muchos negocios priorizan el efectivo por razones que van desde la falta de confianza en el sistema hasta la preferencia por evitar registros formales.
En la práctica, es común encontrar establecimientos que exhiben carteles con la frase “No aceptamos transferencias” o que aplican un recargo del 10% a quienes optan por pagar digitalmente. Esta situación afecta especialmente a usuarios de servicios como transporte privado, mercados informales y pequeños comercios, donde el efectivo sigue siendo el rey. Según testimonios recogidos, algunos comerciantes argumentan que las comisiones bancarias o la complejidad del proceso justifican estos cobros adicionales, mientras otros simplemente prefieren operar al margen del sistema financiero formal.
La resistencia a los pagos digitales no solo incomoda a los consumidores, sino que también limita el alcance de las políticas gubernamentales. La falta de universalidad en la aceptación de estos medios dificulta la trazabilidad de transacciones y perpetúa la economía informal. Además, genera desigualdad, ya que quienes dependen de los pagos digitales —como usuarios de tarjetas magnéticas o monederos electrónicos— enfrentan costos adicionales o barreras de acceso. Expertos señalan que, sin una regulación más estricta y campañas de educación financiera, la brecha entre el impulso estatal y la práctica privada podría persistir.
El desafío actual radica en alinear los intereses de todos los actores económicos para que los pagos digitales se conviertan en una herramienta inclusiva y eficiente, tal como busca el gobierno cubano.
Fuente: cubadebate.cu
Escrito por
Alvaro Miera
Periodista de derechos humanos y sociedad civil cubana. Redacta con Command AI de Cohere.
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