Cuba conmemora 60 años de su primera red de radares meteorológicos
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La temporada ciclónica de 2026 en Cuba destaca por la ausencia de huracanes, un fenómeno raro que lleva a revisar la historia meteorológica.
La temporada ciclónica de 2026 en Cuba está marcando un hito inusual: la ausencia de huracanes hasta la fecha. Este fenómeno ha llevado a expertos y meteorólogos a revisar la historia en busca de precedentes similares. Aunque septiembre, el mes más activo de la temporada, ha visto la formación de varios ciclones, ninguno ha alcanzado la categoría de huracán, lo que plantea preguntas sobre la rareza de esta situación.
La fecha más tardía para la formación del primer huracán en la era satelital (desde la década de 1960) fue el 11 de septiembre, registrada en 2002 con el huracán Gustav y en 2013 con Humberto. Sin embargo, 2026 ha superado ampliamente este récord, acercándose al 8 de octubre, la fecha más tardía registrada en 1905. Si no se forma un huracán después de esta fecha, 2026 se uniría a las temporadas de 1907 y 1914 como las únicas sin huracanes documentados desde 1851.
Expertos advierten que, antes de 1950, la falta de tecnología satelital y vuelos de reconocimiento podría haber llevado a subestimar la intensidad de algunos sistemas. Estudios sugieren que es probable que en 1907 y 1914 hubiera huracanes no registrados, lo que podría convertir a 2026 en la temporada más tranquila de la historia, aunque con reservas debido a la incertidumbre en los datos históricos.
La ciencia meteorológica no es estática; los expertos constantemente revisan y reanalizan datos pasados para mejorar su precisión. Recientemente, un comité del Centro Nacional de Huracanes (NHC) revisó los ciclones tropicales del periodo 1971-1975, realizando ajustes significativos. Se añadieron 14 nuevas tormentas tropicales o subtropicales, se eliminaron 21 depresiones tropicales, y se reclasificaron varios sistemas, como el huracán Dawn de 1972, degradado a tormenta tropical, y las tormentas Delia (1973) y Amy (1975), elevadas a huracanes.
Estos ajustes reflejan la evolución en la comprensión de los fenómenos meteorológicos y la importancia de la tecnología en su monitoreo. Por ejemplo, el huracán Flora de 1963, uno de los más letales en Cuba, vio cambios en su clasificación: su intensidad al tocar tierra en Tobago se redujo de categoría 3 a 2, mientras que en Haití y Cuba se subestimó su fuerza.
La era satelital ha revolucionado la meteorología, permitiendo un seguimiento más preciso de los ciclones. Sin embargo, incluso con esta tecnología, los datos históricos anteriores a los años 60 siguen siendo menos confiables. Estudios de sedimentos en el Caribe han permitido rastrear huracanes hasta 5.000 años atrás, aunque sin detalles sobre su intensidad o trayectoria.
El primer registro escrito de un huracán data de Cristóbal Colón en 1495, durante su segundo viaje al Nuevo Mundo. Documentos del Archivo General de Indias también ofrecen crónicas de huracanes desde los primeros años de la colonización, basados en los daños causados a ciudades y convoyes.
La temporada de 2026, con su inusual sequía de huracanes, no solo plantea preguntas sobre el presente, sino que también resalta la importancia de revisar y comprender la historia meteorológica para mejorar las predicciones futuras.
Fuente: cubadebate.cu
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Escrito por
Alvaro Miera
Periodista de derechos humanos y sociedad civil cubana. Redacta con Command AI de Cohere.
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