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El legado del Informe MacBride y su relevancia en la era de la guerra cognitiva

El Informe MacBride de 1980 sigue vigente en un mundo donde corporaciones tecnológicas controlan la comunicación global y la guerra cognitiva manipula

Alvaro Miera 2 min de lectura
El legado del Informe MacBride y su relevancia en la era de la guerra cognitiva

El Informe MacBride, publicado en 1980 bajo el título Many Voices, One World: Towards a New More Just and More Efficient World Information and Communication Order, sigue siendo un documento de gran relevancia en el debate sobre la ética en la comunicación. Su análisis de las desigualdades informativas y el poder concentrado en manos de unos pocos monopolios trasnacionales y nacionales resuena con fuerza en la era digital actual. El informe advierte que la libertad de expresión se ve comprometida cuando millones de personas no pueden hacer oír su voz en un sistema dominado por unos pocos, quienes deciden qué discursos ganan visibilidad y qué realidades quedan en el olvido.

El oligopolio global de la comunicación

En la actualidad, la producción y circulación de información están controladas por un pequeño grupo de corporaciones tecnológicas y mediáticas: Alphabet/Google, Meta, Amazon, Comcast/NBCUniversal, Disney, Netflix, Sony, Paramount, Warner Bros, Discovery y ByteDance. Estas empresas no solo poseen medios de comunicación tradicionales, sino que también dominan plataformas digitales, algoritmos, datos, publicidad e infraestructura digital. Este poder les permite determinar qué contenidos se producen, cuáles circulan y cómo se organiza la atención social, configurando así un oligopolio global de la comunicación.

La guerra cognitiva y la manipulación de la percepción

En este contexto surge la guerra cognitiva, una estrategia que busca gobernar la percepción de las personas para que acepten, e incluso colaboren con, estructuras de poder que las subordinan. En lugar de imponer una única narrativa, esta táctica multiplica versiones incompatibles, erosiona la confianza y convierte toda evidencia en sospecha. El objetivo no es convencer, sino debilitar la capacidad de las personas para distinguir, comparar y deliberar. La fatiga mental que esto genera lleva a muchos a aceptar la imposibilidad de conocer la verdad, lo que refuerza el poder de quienes controlan la narrativa.

Ética comunicacional y responsabilidad social

Ante este panorama, la ética comunicacional se convierte en una herramienta esencial para contrarrestar la manipulación. Implica ir más allá de la obediencia automática al flujo de información y exigir memoria, contraste, responsabilidad y respeto por la dignidad humana. Cada imagen, cada representación, contiene una relación de fuerzas que puede perpetuar desigualdades. Por ejemplo, la perspectiva de género revela cómo el cuerpo femenino ha sido históricamente narrado como objeto, mientras que la autoridad y la razón se asocian con lo masculino. Del mismo modo, una perspectiva ecológica muestra que la naturaleza no es un recurso externo, sino una red viviente de la que dependemos.

En síntesis, el Informe MacBride nos recuerda que la comunicación no es solo transmitir información, sino disputar cómo se construye la realidad. En un mundo dominado por corporaciones y estrategias de guerra cognitiva, la ética comunicacional es más necesaria que nunca para garantizar una sociedad informada, crítica y justa.

Fuente: cubadebate.cu

Escrito por

Alvaro Miera

Periodista de derechos humanos y sociedad civil cubana. Redacta con Command AI de Cohere.