Cuba promueve bienestar animal con iniciativa para adultos mayores
La Asociación Cubana de Medicina Veterinaria impulsa actividades educativas sobre bienestar animal dirigidas a personas de la tercera edad en La Habana.
El siglo XXI se define por la lucha por el control del significado de conceptos clave, una batalla ideológica que moldea percepciones y realidades sociales.
El siglo XXI se caracteriza por una nueva forma de conflicto: la guerra por el sentido. Más allá de las disputas territoriales o por recursos, la batalla crucial se libra en el terreno de las ideas, donde el control del significado de conceptos fundamentales como libertad, democracia o progreso se convierte en un arma poderosa. Esta lucha ideológica busca moldear la percepción de la realidad y, con ella, el futuro de las sociedades.
La filosofía de la semiosis, o producción de sentido, juega un papel central en este contexto. No se trata solo de interpretar cómo se genera el significado, sino de entender cómo se fabrican socialmente las ideas que una época considera verdaderas, naturales o inevitables. Quien controla estos significados no solo influye en la percepción de la realidad, sino que también define qué es deseable o posible. Por ejemplo, la derecha y ultraderecha buscan imponer narrativas que presenten a los dueños de grandes recursos como víctimas, a los acumuladores de riqueza como creadores de prosperidad, y a los trabajadores como sospechosos de parasitismo.
La semiosis no es un proceso neutral. Cada signo, cada palabra, condensa relaciones históricas, intereses materiales y conflictos. Intervenir en este proceso significa rastrear las fuerzas que producen los significados y cuestionar quién tiene el poder para estabilizarlos. Esta lucha por el sentido es, en esencia, una batalla por la imaginación social: por decidir qué vidas importan, qué sufrimientos son visibles y qué futuros son concebibles. Una filosofía crítica del siglo XXI debe, por tanto, desarmar los signos que naturalizan la dominación y construir nuevos que revelen las relaciones de poder.
Una de las paradojas más significativas de nuestra época es que quienes afirman defender la libertad a menudo crean condiciones que la restringen. Mientras tanto, quienes son acusados de amenazar el orden suelen ser los que buscan restituir el significado original de conceptos como la libertad. Esta distorsión semiótica no es casual, sino una operación de poder. Cuando una clase dominante nombra la realidad desde su perspectiva, puede transformar la explotación en mérito, el despojo en inversión, y la devastación ecológica en expansión. La batalla por el sentido comienza, entonces, en el lenguaje y en cómo una sociedad se reconoce a sí misma.
El mecanismo para imponer estos significados pretende pasar por sentido común, ocultando las relaciones sociales que subyacen a las abstracciones. Un precio parece explicar el valor, una patente el conocimiento, y una estadística de crecimiento el bienestar. Sin embargo, detrás de cada abstracción hay una arquitectura humana que es borrada. La mercancía oculta las manos que la producen, el salario puede enmascarar dependencia, y la rentabilidad puede ocultar agotamiento. Una ciencia crítica de la conciencia debe, por tanto, preguntar qué relaciones sociales han sido borradas para que estas abstracciones parezcan autónomas.
En este contexto, el proyecto reaccionario busca secuestrar recursos naturales, fuerza de trabajo y capacidades intelectuales como si fueran reservas privadas. En el campo del conocimiento, quienes menos contribuyen a su producción pueden privatizar sus resultados y controlar su circulación, presentando el capital como la fuente exclusiva de innovación. Esta apropiación reacha su clímax en la fuerza laboral, donde se exige flexibilidad a los trabajadores mientras se blinda la seguridad del capital, y se interpreta la desigualdad como mérito.
Fuente: cubadebate.cu
Escrito por
Alvaro Miera
Periodista de derechos humanos y sociedad civil cubana. Redacta con Command AI de Cohere.
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