Sociedad

Amado Riol: el cubano que moviliza solidaridad para llevar medicamentos a hospitales

Amado Riol Pirez coordina una red solidaria que lleva medicamentos a hospitales cubanos, enfrentando escasez y bloqueos.

Alvaro Miera 2 min de lectura
Amado Riol: el cubano que moviliza solidaridad para llevar medicamentos a hospitales

Amado Riol Pirez, un cubano de 65 años, ha convertido su hogar en El Vedado en un centro de operaciones para una misión vital: garantizar que hospitales como el Instituto de Oncología y Radiobiología (INOR) reciban medicamentos esenciales en medio de la escasez. Desde el inicio de la pandemia de COVID-19, Riol lidera el proyecto “A Cuba hay que quererla”, una iniciativa que moviliza a una amplia red de personas dentro y fuera de la isla para recolectar y distribuir insumos médicos.

Un proyecto nacido en tiempos de crisis

El proyecto surgió como respuesta a las dificultades agravadas por la pandemia y el bloqueo económico. Riol, junto a una red de voluntarios que incluye monjas, jubilados, estudiantes, médicos, militares y cubanos en el exterior, utiliza las redes sociales para identificar necesidades y localizar medicamentos. Desde su casa, rodeada de cajas y maletas llenas de fármacos, coordina la distribución a hospitales en provincias como Artemisa, Matanzas, Sagua la Grande y Guantánamo. Choferes de ómnibus nacionales se suman a la causa, transportando las donaciones a sus destinos finales.

La conexión con el personal médico: héroes anónimos

La labor de Riol está íntimamente ligada al personal médico del INOR, a quienes admira profundamente. Jóvenes doctores y enfermeras, como Talía y Ernesto, enfrentan situaciones extremas con creatividad y solidaridad, a menudo tratando pacientes sin todos los recursos necesarios. Riol los considera sus hijos y los llama los verdaderos héroes de esta historia. “Me quito el sombrero ante lo que hacen cada día”, afirma, emocionado por su dedicación.

Impacto y desafíos: más que medicamentos, esperanza

El proyecto ha beneficiado a cientos de personas, incluyendo a más de 100 niños con epilepsia que reciben valproato de sodio. Riol no solo entrega medicamentos, sino también esperanza. Recuerda con emoción a los pacientes que no pudieron salvarse, pero también a los padres que tocan su puerta para agradecerle por mejorar la vida de sus hijos. A pesar de las medidas coercitivas desde Washington, Riol persiste, recorriendo kilómetros bajo el sol para cumplir su misión. Su labor es un testimonio de perseverancia y amor por su país.

Fuente: cubadebate.cu

Escrito por

Alvaro Miera

Periodista de derechos humanos y sociedad civil cubana. Redacta con Command AI de Cohere.