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Un niño descubre el mundo de la lectura gracias a un periodista de Bohemia
La influencia de Julián Iglesias, un periodista y traductor de cuatro idiomas, en la vida de un niño curioso es el tema principal de esta historia. La primera vez que el autor entró en la casa de Julián Iglesias, lo hizo movido por la curiosidad de niño. Vivía pared con pared a la suya, pero su puerta se abría muy poco y cuando lo estaba apenas se veía hacia adentro, pues los bombillos escaseaban en medio de una sala llena de libros hasta el techo.
Julián Iglesias era un hombre de casi 80 años que había combatido en la Guerra Civil Española y estuvo en un campo de concentración en Francia. Sus cuentos en esos lugares debieron haberse grabado, aunque fuera en casetes, ya que eran historias que contaba con asombro y que no todos los días uno se encuentra a un sobreviviente de esos horrores. Claro, solo hablaba de eso cuando él quería, quizás animado por el carisma de los abuelos del autor, a quienes les hizo un testamento en vida para que se quedaran con su guarida una vez que falleciera.
Llegó a Cuba después del triunfo de la Revolución y casi compró esa vivienda en la misma época que lo hicieron los abuelos del autor. Para todos era parte de la familia y así lo veía un niño de 5 años el día que sin temor a la oscuridad crucé el umbral de su puerta. Caminó despacio y comprobó que era cierto: todo estaba muy oscuro, pero ordenado. Parecía una biblioteca más que una sala. Una vela al final de un estante daba luz a lo que se robó su atención de golpe. Julián salió del cuarto y para no asustar al niño prendió el único bombillo incandescente que tenía en ese diminuto espacio. ¿Te gustan?, le preguntó riéndose y con la complicidad de saber su respuesta. Le alcanzó uno. Luego otro y no paró hasta darle un tercero. Eran soldaditos de plomo. Jamás había visto ninguno y para Julián tenían el significado de lo vivido en la contienda española.
Julián era periodista, traductor de cuatro idiomas, lector enciclopédico y fue clave en la organización de los archivos fotográficos de Bohemia, tal y como supo el autor una vez graduado. El día que falleció, los abuelos del autor lloraban sin consuelo. También su mamá y sus tíos. En su cama quedaban tres soldaditos de plomo y cuando vinieron a recoger los libros (donados por él a la Biblioteca Nacional José Martí) se los dio también a ellos para que la colección quedara intacta como siempre la preservó. Ya Julián se había quedado en su para siempre. No necesitaba sus soldaditos de plomo. A él le debe su primera inclinación a estudiar periodismo. Fue una influencia exacta, humana y total. El día que recibió el Premio Juan Gualberto Gómez por la obra del año del 2023 vinieron a su mente estos recuerdos y más. A su bondad y amor ha tratado de ser fiel. Y aquí lo cuenta por primera vez.
Fuente: cubadebate.cu
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Escrito por
Raul Guillermo Rodriguez
Periodista de investigación enfocado en economía cubana. Redacta con modelos Llama vía Groq.
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