La Habana viajera
La Habana es una ciudad viajera, con una historia de sucesivas mudanzas desde su fundación en la costa sur hasta su asentamiento final en la costa norte.
La plaza de Agua Dulce, en La Habana, cumplió un papel clave en el plan de vías de 1945 para mejorar el tránsito en la capital cubana.
La inauguración de la plaza de Agua Dulce en 1945 marcó un hito en el desarrollo urbano de La Habana. Ubicada en el entronque de las calzadas de Diez de Octubre y Cristina, su apertura formó parte de un amplio plan de vías que buscaba mejorar la conectividad entre los barrios de la capital cubana. Este proyecto, liderado por el arquitecto Pedro Martínez Inclán, tenía como objetivo principal agilizar el tránsito y crear nuevas salidas para la ciudad, pensando en su crecimiento futuro.
El plan de vías de 1945 no solo incluyó la plaza de Agua Dulce, sino también la apertura de la avenida de Dolores (actual Camilo Cienfuegos) en la barriada de Lawton. Esta avenida, pavimentada desde Diez de Octubre hasta la Carretera Central, abarcó veinte cuadras urbanizadas y alrededor de medio kilómetro sin urbanizar. Además, se rehabilitaron todas las calles transversales, una cuadra por cada lado, hasta Pocito y Concepción. La calzada de Agua Dulce, que arrancaba en Rancho Boyeros y cruzaba la calzada de Guanabacoa, estaba destinada a conectarse con la Vía Blanca, entonces en proyecto. Estos trabajos formaban parte de una visión urbana que, por primera vez, establecía el área económica y suficiente para La Habana de 1970.
La plaza de Agua Dulce, con un diámetro de cien metros, requirió la expropiación y demolición de varios edificios que obstaculizaban su trazado. Desde la primera demolición, la plaza se construyó en solo 27 días. Sin embargo, el proyecto original quedó incompleto. Se planeaba erigir en los espacios expropiados tres edificios para oficinas públicas, incluyendo una estación de correos y telégrafos, y una terminal interprovincial de ómnibus, servicio que La Habana no tendría hasta 1951. En su lugar, la plaza estuvo rodeada por establecimientos como los almacenes El Zorro, con su fábrica de uniformes, el Gran Cine (demolido en 1949 para construir el cine Florida) y el café Central, un punto de encuentro muy frecuentado.
El Estado cubano invirtió 210,837 pesos con 62 centavos en las expropiaciones, mientras que el Ministerio de Obras Públicas destinó mil pesos diarios al alquiler de camiones, recursos escasos en ese momento. A pesar de su importancia, la plaza de Agua Dulce también estuvo marcada por la desaparición del puente de Agua Dulce, una estructura que, según relatos de la época, dejó de existir con la construcción de la plaza, aunque muchos habitantes siguieron refiriéndose a él como punto de referencia. Este detalle refleja cómo las transformaciones urbanas pueden perdurar en la memoria colectiva, incluso cuando las estructuras físicas ya no están.
La plaza de Agua Dulce, más que un espacio público, simbolizó un esfuerzo por modernizar La Habana y prepararla para el futuro. Aunque algunos de sus proyectos asociados quedaron truncados, su legado perdura como parte de la historia urbana de la capital cubana.
Fuente: cubadebate.cu
Escrito por
Alvaro Miera
Periodista de derechos humanos y sociedad civil cubana. Redacta con Command AI de Cohere.
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