Industria de la IA advierte sobre riesgos mientras impulsa su desarrollo
Empresas como Anthropic y OpenAI alertan sobre peligros de la IA, pero su discurso genera debate sobre intereses y control.
Compañías de inteligencia artificial compran y destruyen millones de libros antiguos para digitalizarlos y entrenar sus modelos, generando preocupación entre
En los últimos meses, libreros de todo el mundo han reportado un fenómeno alarmante: compañías de inteligencia artificial (IA) están adquiriendo grandes cantidades de libros antiguos, muchos de los cuales terminan siendo destruidos para su digitalización. Este proceso, que ha generado preocupación entre expertos y amantes de la literatura, tiene como objetivo principal alimentar los modelos de IA con vastos conjuntos de datos textuales.
El caso salió a la luz cuando Marçal Font, librero de viejo en Badalona, España, recibió una serie de pedidos inusuales desde Canadá. Font, con 20 años de experiencia en el comercio de libros usados, notó un patrón extraño: pedidos masivos en cortos períodos de tiempo, con gastos de envío desproporcionados. Tras investigar, descubrió que no era el único. Libreros en Alemania, Nueva Zelanda y otros países reportaron situaciones similares. Xavier Vinaixa, investigador de IA y director técnico de Sorensen.ai, ayudó a conectar los puntos, revelando una práctica más amplia.
La investigación periodística llevó al descubrimiento del Proyecto Panamá, un plan de la empresa de IA Anthropic para digitalizar de manera destructiva millones de libros. En 2025, Anthropic enfrentó una demanda colectiva de autores que alegaban el uso no autorizado de sus obras para entrenar modelos de IA. Un documento filtrado durante el proceso judicial reveló detalles del proyecto, que incluía la destrucción física de los libros tras su escaneo. Maximiliano Firtman, uno de los demandantes, explicó que el juez permitió el uso de los libros siempre que fueran adquiridos legalmente.
El método destructivo, según Rodrigo Álvarez, periodista especializado en tecnología, implica cortar el lomo del libro para escanear las páginas sueltas a alta velocidad. Aunque este proceso es más rápido y económico, el libro queda irreparablemente dañado, y sus restos suelen reciclarse. Esta práctica contrasta con métodos no destructivos, como el uso de escáneres planos, que preservan el ejemplar.
La digitalización de libros antiguos tiene el potencial de preservar el conocimiento humano, pero el enfoque destructivo ha generado críticas. Libreros como Pieter de Vries, de Países Bajos, y Delfina Manor, de Australia, expresaron su sorpresa ante los pedidos masivos y los altos costos de envío, sin cuestionamientos sobre el estado de los libros. La prioridad de las empresas de IA parece ser la eficiencia en la creación de grandes bases de datos, más que la conservación cultural.
El caso de Anthropic no es aislado. La demanda colectiva y la revelación del Proyecto Panamá han abierto un debate sobre los límites éticos del uso de obras literarias para el entrenamiento de IA. Mientras las empresas buscan avanzar en la tecnología, la comunidad literaria y los expertos en conservación alertan sobre la pérdida irreversible de patrimonio cultural.
Fuente: cubadebate.cu
Escrito por
Alvaro Miera
Periodista de derechos humanos y sociedad civil cubana. Redacta con Command AI de Cohere.
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