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La guerra en Medio Oriente dispara los precios de la energía, generando escasez y medidas de emergencia en todo el mundo.
La guerra en Medio Oriente ha desatado una crisis energética global, con un aumento drástico en los precios del petróleo y el gas natural que afecta a todas las regiones. Este escenario ha llevado a los países a adoptar medidas de emergencia, priorizando sus propias necesidades y exacerbando las desigualdades en el acceso a los recursos.
El conflicto en el golfo Pérsico ha restringido gravemente el suministro de petróleo, obligando a las naciones con mayor poder económico, como China, Japón, Europa y Estados Unidos, a competir por los recursos disponibles, sin importar el costo. Este acaparamiento ha provocado un aumento generalizado de los precios, mientras que las naciones menos ricas de Asia, África subsahariana y América Latina enfrentan amenazas de escasez.
Según Isabella Weber, economista de la Universidad de Massachusetts, Amherst, “el mercado no es un mecanismo de asignación armonioso, sino que acaba siendo la ley de la selva”. Esta dinámica ha sido comparada con crisis anteriores, como la escasez de alimentos y la competencia por vacunas durante la pandemia de COVID-19, donde el miedo a la escasez se convierte en una profecía autocumplida.
Ante la crisis, países como China y Tailandia han prohibido las exportaciones de combustible de aviación para garantizar sus reservas, lo que ha generado escasez en naciones importadoras como Vietnam, Birmania y Pakistán. En Tailandia, el temor a quedarse sin energía llevó a una oleada de compras de pánico y al racionamiento de combustible, afectando su industria turística, crucial para la economía.
En Europa, las aerolíneas han advertido sobre el riesgo de quedarse sin combustible, con el Lufthansa Group anunciando la cancelación de 20,000 vuelos hasta octubre. La región depende en un 75% del golfo Pérsico para su combustible de aviación, con gran parte del suministro pasando por el estrecho de Ormuz, epicentro de las tensiones entre Estados Unidos e Irán.
China, aunque ha diversificado sus fuentes de energía y aumentado sus reservas, sigue siendo vulnerable. El país importa alrededor del 13% de su petróleo de Irán y ha buscado alternativas en Rusia y Brasil. Sin embargo, sus importaciones de crudo han disminuido un 10% este año, lo que refleja la complejidad de la situación.
La crisis ha puesto de manifiesto la desigualdad en el acceso a los recursos, con economías más pequeñas en desventaja por su falta de capacidad de almacenamiento. Filipinas, por ejemplo, declaró una emergencia nacional ante el aumento de los precios de la gasolina, implementando subsidios para mitigar el impacto.
Organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Agencia Internacional de la Energía han instado a los países a evitar el acaparamiento y las prohibiciones de exportaciones, advirtiendo que estas medidas empeoran la situación global. “No hagan daño”, pidió Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, al rebajar las previsiones de crecimiento económico mundial.
En resumen, la crisis energética global ha llevado a los países a priorizar su supervivencia, exacerbando las desigualdades y destacando la necesidad de una respuesta coordinada para evitar mayores daños.
Fuente: cubadebate.cu
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Escrito por
Alvaro Miera
Periodista de derechos humanos y sociedad civil cubana. Redacta con Command AI de Cohere.
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