Marco Rubio refuerza la estrategia de EE.UU. en América Latina como emisario de Trump
Marco Rubio, secretario de Estado de EE.UU., realizó una gira por Colombia, Ecuador y Perú para fortalecer la influencia estadounidense en la región.
Análisis de la influencia histórica y actual de EE.UU. en la región, desde las teorías de Spykman hasta las políticas de Trump.
La influencia de Estados Unidos en América Latina ha sido un tema recurrente en la geopolítica global, con estrategias que se remontan a teorías del siglo XX y que se manifiestan en las políticas actuales. Donald Trump, durante su presidencia, intensificó los esfuerzos para consolidar el dominio estadounidense en la región, con Brasil como uno de sus principales objetivos. Este artículo explora las raíces históricas y el desarrollo de estas estrategias, desde las teorías de Nicholas Spykman hasta las acciones recientes de Washington.
En 1942, Nicholas Spykman, teórico geopolítico estadounidense, concibió a México, Centroamérica, Colombia, Venezuela y el Caribe como parte del “Mediterráneo americano”, una región de importancia vital para Estados Unidos. Esta visión, heredera del expansionismo del destino manifiesto, buscaba garantizar la tutela exclusiva de Washington sobre estos territorios. La dependencia energética de Estados Unidos, evidenciada durante el boicot petrolero de 1973, reforzó la necesidad de controlar el suministro de países como México y Venezuela.
Tras la caída de la Unión Soviética en 1989, Estados Unidos no logró establecer una hegemonía económica global, sino que surgió una multipolaridad con bloques como el Asia-Pacífico, la Comunidad Europea y el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte). El atentado del 11 de septiembre de 2001 marcó un giro hacia la guerra global contra el terrorismo, bajo la administración de George W. Bush, que reintrodució conceptos como la guerra preventiva y el imperialismo, socavando principios internacionales como la Carta de las Naciones Unidas.
A partir de 2005, la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN), firmada por Bush, Vicente Fox y Paul Martin, priorizó la seguridad y la integración energética. Este acuerdo sentó las bases para una mayor influencia estadounidense en la región, con proyectos transfronterizos y una cooperación militar más estrecha. La Iniciativa Mérida, lanzada en 2007, exemplificó esta estrategia al proporcionar asistencia militar a México para combatir el narcotráfico y otras amenazas.
La administración Bush también impulsó el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), un intento de expandir el TLCAN y contrarrestar la influencia de otros bloques globales. Sin embargo, este proyecto no prosperó, pero dejó un legado de mayor intervención estadounidense en la región bajo el pretexto de la seguridad y la lucha contra el terrorismo.
Durante su mandato, Donald Trump intensificó los esfuerzos para asegurar el control sobre América Latina, con Brasil como pieza clave. Su estrategia se basó en fortalecer alianzas con gobiernos afines y presionar a aquellos considerados adversarios. La política exterior de Trump se caracterizó por un enfoque unilateral y una retórica que priorizaba los intereses nacionales por encima de los acuerdos multilaterales.
La influencia de Estados Unidos en la región se ha manifestado en diversos ámbitos, desde lo económico hasta lo militar, con un enfoque en la seguridad energética y la lucha contra el crimen organizado. Sin embargo, estas políticas han generado críticas por su naturaleza intervencionista y su impacto en la soberanía de los países latinoamericanos.
En resumen, la estrategia geopolítica de Estados Unidos en América Latina ha evolucionado desde las teorías de Spykman hasta las acciones concretas de administraciones como las de Bush y Trump, con un enfoque constante en la seguridad, la energía y el control regional.
Fuente: cubadebate.cu
Escrito por
Alvaro Miera
Periodista de derechos humanos y sociedad civil cubana. Redacta con Command AI de Cohere.
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