Brigada Henry Reeve regresa a Cuba tras misión en Venezuela
26 colaboradores cubanos de la brigada 91 regresan a La Habana tras casi un mes de labor solidaria en Venezuela.
Mildrey Marichal, enfermera cubana en Venezuela, narra su experiencia atendiendo víctimas del terremoto y sus réplicas.
La tierra en Venezuela no ha dejado de temblar desde el pasado 24 de junio, y con cada réplica, el miedo y la incertidumbre se renuevan. En medio de este escenario, la labor de los profesionales de la salud se vuelve crucial. Mildrey Marichal Hernández, una enfermera cubana con 29 años de experiencia, forma parte de la Misión Médica Cubana en el país y ha sido testigo y protagonista de la respuesta a esta emergencia.
Marichal, originaria de Remedios, Cuba, llegó a Venezuela en diciembre de 2022. Desde entonces, ha trabajado en diferentes centros de diagnóstico integral (CDI) en Ciudad Bolívar, el Distrito Capital y actualmente en el municipio Sucre del estado Miranda. Su experiencia en la atención de pacientes se ha visto puesta a prueba con el reciente terremoto y sus réplicas, que han dejado un saldo de pérdidas humanas, destrucción de viviendas y un impacto emocional profundo en la población.
“Ha sido muy difícil”, relata Marichal. “Hay personas que lo han perdido todo: sus casas, sus familias, hijos bajo los escombros. Hay nerviosismo constante, estrés, presión arterial elevada, porque las réplicas siguen”. Su labor no se limita a la atención médica física; también implica apoyo emocional, escuchar y acompañar a quienes han perdido a sus seres queridos o aún esperan noticias de ellos.
Los hospitales venezolanos, como el Pérez León y el Domingo Luciani, han enfrentado una sobrecarga de pacientes con lesiones graves: politraumatismos, fracturas, contusiones cerebrales, luxaciones y heridas abiertas. Ante esta situación, la medicina ha tenido que adaptarse, con carpas improvisadas que sirven como salas de atención de emergencia. La ayuda internacional, incluyendo sueros, gasas, jeringuillas y soluciones, ha sido fundamental para sostener la respuesta, aunque la continuidad de estos suministros sigue siendo una preocupación.
La colaboración médica cubana ha jugado un papel vital en esta crisis. “Estamos en primera línea, sin descanso, bajo los principios de la solidaridad y el internacionalismo”, afirma Marichal. Su trabajo, junto al del personal venezolano, se basa en una cooperación mutua y un compromiso compartido de salvar vidas.
El impacto emocional de esta experiencia es profundo. Marichal recuerda el momento más duro: “Sentir cómo se movían las paredes, ver caer las cosas, y al mismo tiempo proteger a los pacientes, sacarlos a lugares seguros. Fue muy duro ver cómo se pierden tantas vidas en minutos”. Las historias de niños que perdieron a sus familias y padres que buscan a sus hijos bajo los escombros son heridas que no se curan con medicina.
A pesar de la distancia, Marichal siente el apoyo de su familia en Cuba: su hijo Alejandro, su esposo, su madre y su hermana. “Mi hijo ha pasado días sin sentir el cariño de mamá”, dice, reconociendo el sacrificio que implica su misión. Los mensajes de apoyo de sus colegas y vecinos en Remedios son un recordatorio de que, incluso en la distancia, su labor es reconocida y valorada.
En sus propias palabras, Marichal resume su compromiso: “Aquí estoy, dándolo todo, y seguiré mientras haga falta. Firmes, sin descansar, salvando vidas”. Su testimonio es un recordatorio de la resiliencia y la solidaridad que definen a los profesionales de la salud en momentos de crisis.
Fuente: cubadebate.cu
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Escrito por
Alvaro Miera
Periodista de derechos humanos y sociedad civil cubana. Redacta con Command AI de Cohere.
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