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La trágica historia de la casa de la Plaza de la Catedral en La Habana

Dos propietarios de una mansión en La Habana murieron en prisión en diferentes épocas. Conoce su historia y el destino de la casa.

Alvaro Miera 2 min de lectura
La trágica historia de la casa de la Plaza de la Catedral en La Habana

La casa ubicada en la esquina de San Ignacio y Callejón del Chorro, en la Plaza de la Catedral de La Habana, guarda una historia marcada por la tragedia. Dos de sus principales propietarios murieron en prisión en diferentes épocas, lo que ha llevado a algunos a cuestionar si se trata de una simple casualidad o de una mala sombra que persigue a la mansión. Aunque no es tan imponente como otras residencias cercanas, como la del Marqués de Aguas Claras o la del Marqués de Arcos, esta casa tiene su propio encanto y un lugar destacado en la historia de la ciudad. En una de sus paredes se encuentra la tarja conmemorativa de la construcción de la Zanja Real, que durante años suministró agua a La Habana.

Los propietarios y sus trágicos destinos

El primer propietario de la casa, en 1740, fue Antonio Palacián y Gatica, quien ocupaba los cargos de Teniente Gobernador y Auditor de Guerra, lo que lo convertía en el segundo al mando de La Habana. Palacián fue condenado a prisión de por vida en el castillo de San Juan de Ulúa, en Veracruz, México, por presentar una denuncia contra el gobernador de la Colonia, Francisco Güemes de Horcasitas, Primer Conde de Revillagigedo. A pesar de no haber cometido ningún delito, su acción lo llevó a un trágico final.

Once años después, la casa pasó a manos de Sebastián de Peñalver y Calvo de la Puerta, una figura destacada en la defensa de La Habana durante la agresión británica de 1762. Sin embargo, Peñalver fue acusado de colaboracionismo con los ingleses y enviado a la península, donde fue condenado y recluido en el presidio de Ceuta. A pesar de su fortuna y prestigio, no pudo evitar su destino y murió poco después en prisión.

De mansión a baños públicos

En torno a 1840, la casa sufrió una transformación significativa. Sus locales fueron convertidos en los baños públicos de la Catedral, los primeros de su tipo en La Habana. Para su construcción, se aprovechó el antiquísimo desagüe de la Zanja Real. En aquella época, el baño era considerado un lujo, y solo los principales hoteles y casas de huéspedes contaban con esta comodidad. Los establecimientos públicos como este cobraban alrededor de 30 centavos por baño.

El legado de la casa

La casa de San Ignacio y Callejón del Chorro, aunque no es la más majestuosa de la Plaza de la Catedral, tiene una historia que la hace única. El trágico destino de sus propietarios y su posterior conversión en baños públicos la han convertido en un testigo silencioso de la historia de La Habana. Hoy, la plaza y sus alrededores siguen siendo un punto de interés para visitantes y locales, recordando las historias que yacen detrás de sus paredes.

Fuente: cubadebate.cu

Escrito por

Alvaro Miera

Periodista de derechos humanos y sociedad civil cubana. Redacta con Command AI de Cohere.