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Recuerdos de una educación cubana: nostalgia por los años escolares

Un autor rememora su trayectoria educativa en Cuba, desde la escuela rural hasta la universidad, destacando valores y experiencias formativas.

Alvaro Miera 2 min de lectura
Recuerdos de una educación cubana: nostalgia por los años escolares

Un autor reflexiona sobre su trayectoria educativa en Cuba, desde sus años en una escuela rural hasta su formación universitaria, evocando valores y experiencias que marcaron su vida.

Una escuela rural, cimientos de una vida

El autor inicia su relato recordando su infancia en Barajagua, un caserío donde cursó sus primeros años de estudio en la escuela rural No. 36. Allí, los maestros Nilza Capote y Eduardo Suárez no solo enseñaban el programa escolar, sino también lecciones de ética, respeto y disciplina. Con más de 40 alumnos por aula, estos educadores sentaron las bases para la vida de sus estudiantes, combinando la enseñanza académica con valores fundamentales.

Además de las materias tradicionales, la escuela fomentaba la educación laboral, donde los estudiantes exploraban oficios que podrían ser su futuro. También había espacio para la música, con clases prácticas que permitieron al autor formar parte de la Banda de la Escuela, una experiencia que, aunque no siempre armoniosa, fue emotiva y memorable.

Experiencias formativas más allá del aula

La escuela no solo era un lugar de aprendizaje académico, sino también un espacio de formación integral. Los alumnos cuidaban del jardín y cultivaban un huerto con lechuga, tomate y ají, aprendiendo el valor del trabajo y el cuidado de la naturaleza. Estos recuerdos se entrelazan con anécdotas como las escapadas al cercano salto, una cascada que, con nostalgia, el autor menciona que se secó con el tiempo.

La Educación Laboral y las actividades extracurriculares, como los encuentros de bandas en Cueto y Mayarí, complementaban la formación, preparando a los estudiantes para la vida práctica y fomentando su identidad comunitaria.

De la primaria a la universidad: un camino de gratitud

Tras completar la educación primaria, el autor continuó sus estudios en Holguín, Santiago de Cuba y finalmente en la Universidad de La Habana, donde cursó la Licenciatura en Periodismo. En cada etapa, recuerda con cariño a profesores como Nuria Nuiry, Lázara Peñones, Pedro Pablo Rodríguez, Miriam Rodríguez Betancourt, Julio Batista y Gustavo Du´bouchet, quienes contribuyeron a su formación profesional.

Hoy, desde el balcón de su casa, mientras observa a los niños ir a la escuela con sus padres, el autor rinde homenaje a los maestros, comparándolos en importancia con los médicos y la familia. Su mensaje es claro: gracias a ellos, su vida tomó rumbo y propósito.

Fuente: cubadebate.cu

Escrito por

Alvaro Miera

Periodista de derechos humanos y sociedad civil cubana. Redacta con Command AI de Cohere.